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FCCI Conversation Series: Colombia, Gwen Burnyeat


[English translation below]


En el marco del programa Latin American Cultural Exchange Fellowship Colombia, Sofia Colmenares del Fine Cacao and Chocolate Institute (FCCI) lideró una serie de entrevistas a productores de cacao, productores de chocolate, chefs chocolateros, e investigadores, entre otros actores que participan o colaboran con la industria colombiana del cacao y el chocolate. En conjunto proporcionan una imagen inclusiva de la industria del cacao en Colombia; lo que conllevo a dar visibilidad a personas que no han sido consideradas en la narrativa, enfatizar la importancia de reconocer la calidad del cacao colombiano y revalorar la relación entre el cacao con la historia, el patrimonio y la cultura de Colombia. Las entrevistas han sido transcritas con el objetivo de compartir los aspectos más relevantes con los lectores de este blog.


Conoce aquí a la Dra. Gwen Burnyeat de Oxford University


Gwen Burnyeat es una antropóloga política, que ha trabajado en el área de paz y conflicto en Colombia por más de una década; tanto como una académica comprometida, como practicante en la construcción de la paz. En el 2011 se involucra con la Comunidad de Paz de San José de Apartadó a través de Peace Brigades International, en San José sobrevive un grupo de víctimas del conflicto armado colombiano, residentes fuertemente golpeados por los enfrentamientos armados y el tráfico de sustancias ilícitas. Con la encomienda de proveer acompañamiento a defensores de derechos humanos en riesgo, Burnyeat trabajó con la Comunidad de Paz por dos años. Durante este tiempo, pudo palpar de primera mano el trabajo cotidiano de la comunidad cultivando cacao, sumergidos en el contexto cultural que enmarca su sobrevivencia y estrato social. Esta experiencia la inspira a perseguir preparación académica como antropóloga en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, donde adquiere un maestría en Antropología Social como becaria del Leverhulme Trust . Su tiempo de estudio en Colombia incluyo dos años de trabajo de campo visitando la comunidad de paz en Urabá, y culminó con la publicación del libro llamado Chocolate, Politics and Peace-Building: An Ethnography of the Peace Community of San José de Apartadó (que próximamente será publicado en español por la editorial del Rosario), y la producción del documental Chocolate de Paz, de la mano de su co-director Pablo Mejía Trujillo. Burnyeat continuó su formación académica en Antropología Social en University College London, en donde obtuvo el grado de doctor recientemente


A continuación, seleccionamos y traducimos fragmentos de la conversación con Gwen Burnyeat para resaltar detalles previamente relatados. Algunas respuestas han sido ligeramente editadas, con autorización de la entrevistada, por motivos de claridad y comprensión escrita.


Sofia Colmenares: Si consideramos la historia del área donde la comunidad de paz se ubica, ¿podrías proporcionar un breve resumen para aquellos quienes no la conozcan?

Gwen Burnyeat: Antes de la fundación de la Comunidad de Paz, hubo campesinos asentados en la región de San José quienes se asentaron allí huyendo de la violencia en los cincuentas, sesentas, y tenían algunos cultivos de cacao. Pero fue alrededor de 1970 cuando (...) tienen mucho éxito porque recibieron apoyo técnico del Banco Agrario. Y formaron una cooperativa bajo el auspicio del partido de la Unión Patriótica (UP), que fue un partido izquierdista creado en 1985, en el contexto de un proceso de paz fallido entre las FARC y el gobierno. Y la UP incluía algunos miembros de las FARC que incursionaron en política como parte del acuerdo, pero también otros civiles, doctores y abogados, agricultores, solo personas que pensaron que este partido podría ser una alternativa para el país que antes había sido dominado por partidos tradicionales y también permitir a las FARC desarmarse (...), eran un partido izquierdista muy progresivo. Y eran muy fuertes en Urabá y definieron tres pilares principales, que eran la educación, la salud y las cooperativas. Y las cooperativas para diferentes cultivos en diferentes áreas eran el combustible para financiar la construcción de casas y otras cosas. Y San José de Apartadó en Urabá tenía cacao entonces más o menos lo masificaron y les fue muy bien, y tenían esta cooperativa llamada Balsamar. Luego en 1996 todos sus miembros, todos los directores de Balsamar fueron masacrados. No eran miembros de la UP, pero eran simpatizantes y fueron masacrados porque a lo largo de los noventa, hubo una ola de violencia paramilitar en la región en contra de cualquier cosa que fuera izquierdista o que de cualquier manera pudiera parecer estar asociada con la izquierda o la guerrilla. Esto fue terrible, todo el pueblo de San José de Apartadó fue abandonado, habían casas completamente fantasmas y los agricultores que vivían en los diferentes asentamientos rurales alrededor de San José de Apartadó, algunos ubicados entre casi dos horas y otros hasta dos días caminando, estaban obviamente terriblemente preocupados porque sentían que ellos también se beneficiaban de la cooperativa, le vendían su poder a la cooperativa. Pero entonces decidieron declararse neutrales, en ese momento se funda la Comunidad de Paz, con la esperanza que la declaración les permitiera quedarse en sus tierras. No más que una semana después de esta declaración, que se hizo con apoyo internacional, una ola de violencia militar y paramilitar azotó a la región, desplazándose de sus tierras, quemando sus cultivos y todos terminaron tomando refugio en las casas abandonadas de San José de Apartadó, y se quedaron allí por un tiempo y se sintieron absolutamente encerrados. No podían salir a cultivar su tierra, no podían salir solos porque podían encontrarlos guerrillas izquierdistas o paramilitares derechistas o militares y cualquiera de ellos podía matarlos. Pero entonces se dieron cuenta de que pueden salir en grupos, que hay seguridad en mayor cantidad de personas, y entonces fueron a encontrar el cultivo de cacao más cercano, (...) y, claro, los militares y los paramilitares no habían quemado los árboles de cacao porque lo que querían quemar era cualquier cosa que pudiera servir como cultivo de subsistencia para la guerrilla. Entonces fueron al cultivo de cacao más cercano, y lo cosecharon y lo secaron. Y de esa manera juntos empezaron a recolectar un poquito más de ingresos, estos campesinos. Y por medio de este proceso empezaron a experimentar lo que yo llamo un cambio cultural, en vez de la lógica de corto plazo de protección, que fue lo que deseaban inicialmente cuando se declararon neutrales simplemente para continuar viviendo en esa zona y protegerse. Ellos empezaron una transición a una lógica de construcción de paz mucho más a largo plazo, lo que llamo la lógica de paz positiva, que era trabajar juntos como una organización, vivir juntos, se organizaron en grupos de trabajo, en un consejo interno, crearon estatutos, crearon un himno, crearon principios para su membresía, y resolvieron (...) las maneras en que se podían cuidar entre ellos y que se pueden cuidar mejor juntos, no solo en el momento de ir a cultivar la tierra, pero también compartiendo su comida, educando sus hijos y (...) realmente creció desde allí. Y entonces pienso que la fundación de la comunidad de paz (...) está muy conectada al cacao, ha estado en el corazón de su lucha (...). Es casi como si hubieran construido la comunidad de paz sobre la huella que dejó la cooperativa Balsamar y la destrucción de la UP en Colombia. Es como si el cacao de la comunidad de paz estuviera reviviendo, cargando la llama como fue de esa lucha (...) les ha permitido ser mucho más autónomos y mantenerse unidos. (...) su unión como una comunidad y trabajar en cacao les ha permitido inspirar personas en todo el mundo a pensar que un mundo distinto es posible, a creer en la comunidad, a creer en la paz, a creer en la construcción de paz.


SC: También describes la conexión entre la comunidad y el cacao desde múltiples roles y perspectivas a lo largo del libro. Incluyendo el cacao como un ideal político, el cacao como la base para construir relaciones entre los miembros de la comunidad, el cacao formando lazos afectivos con miembros de la comunidad y el cacao como un cultivo que permitió el retorno de la comunidad a San José de Apartadó. ¿Podrías profundizar sobre estos roles y cómo han construido la percepción que la comunidad tiene del cacao?

GB: En el 2005 ocurrió una masacre, en la que mataron ocho personas, incluyendo tres niños, uno de los cuales tenía ocho meses de edad. Entonces rompieron todas las relaciones con el estado colombiano oficialmente. Esta masacre tuvo lugar en Mulatos y Resbalosa, que son dos veredas, dos asentamientos a ocho horas caminando desde San José. Luego de unos años decidieron intentar regresar para construir un nuevo asentamiento en el lugar de la masacre para honrar a quienes habían perdido. Y cuando volvieron, encontraron una plantación de cacao abandonada, y había estado abandonada desde la masacre de la cooperativa Balsamar. (...) Así que no la habían visto desde entonces, y la encontraron y claro que había sobrevivido porque son árboles. (...) Entonces cuando volvieron no tuvieron que empezar de cero, (...) pronto pudieron cosechar otra vez y eso les permitió regresar a este lugar. En el libro cuento la historia de como uno de los cacaocultores habla del cacao como un cultivo resistente, y resistente es una palabra que usaban mucho para describirse a sí mismos. Resistencia es una palabra muy importante en español, pero para ellos, la resistencia es (...) la pelea en contra de la violencia, pero también en contra del sistema capitalista que crea estos modos de intercambio, estos equipos de producción económica, que crean tantas injusticias en el mundo, como en las plantaciones de banano en Apartadó. Y ellos ven su trabajo un poco como un pequeño grupo de colaboración solidaria entre agricultores, tratando de construir una alternativa a ese sistema. Entonces creo que ven el cacao con esos ojos. También lo ven con gran afecto (...). Y creo que otra frase bonita que tengo en el libro es uno de ellos hablando conmigo sobre cómo a diferencia de otros cultivos, el cacao no se puede cultivar como si fuera parte de una fábrica. No puedes solo sobrevolarlo con un avión y cubrirlo de pesticida, como los bananos. Tienes que estar ahí con tus manos yendo de árbol en árbol, tocando el árbol, tocando el cacao, cuidando el cacao, mirándolo, revisando si allí hay una parte para podar, revisando si tiene pestes y manejándolo. Y pienso que crea una cercanía táctil. Así que definitivamente es un afecto especial con los árboles. Y además es su manera de socializar entre sí (...) toman horas allí, y yo pasé tardes muy bonitas con ellos, yendo de árbol en árbol y viendo como los cacaocultores, los padres le enseñan a sus hijos como posicionar un machete para alcanzar una mazorca muy alta o como caminar en una montaña muy empinada, contándoles cosas del campo o memorias de algún lugar, a ver y escuchar helicópteros sobrevolando en el cielo, compartiendo un momento de susto juntos, compartiendo el miedo del conflicto a su alrededor (...) y entonces comparten sus historias trabajando el cacao juntos y allí se crea comunidad. Y allí también la lógica de la comunidad de paz sobre la resistencia contra el estado. Pero es también la atención a la naturaleza, el cuidado por el otro se reproduce y se pasa a las generaciones jóvenes y se transfiere horizontalmente a otras personas y se reafirma a medida que interactúan entre sí. (...)


SC: Entre la comunidad de paz, ¿Cómo se percibe su propio consumo de chocolate?

GB: Creo que de esa forma en parte es su día a día, y en parte cultura. Chocolate de taza, lo aman. Hay una parte bonita al inicio del documental, (...) un miembro de la comunidad decía, como me gusta tomar chocolate de taza con buñuelo, con platanito, con patacón, con pan. Pero básicamente lo ven como una parte de su cultura del día a día. (...) Creo que su cultura está fuertemente ligada a su ejercicio político. Creo que ese es el punto que estoy intentando hacer. El hecho de que cultivan sus propios alimentos y consumen lo que cultivan es político, y eso está en el centro de cómo definen su identidad propia como constructores de paz y cultivadores de alimentos. (...) también sienten gran orgullo del cacao orgánico en particular, sabes, de cultivar sus propios alimentos sin pesticidas. Y lo ven como una contribución a la construcción de paz. (...) se sienten muy orgullosos de consumir su propia comida, también se sienten muy orgullosos de cultivar otros alimentos con y alrededor del cacao. (...) Entonces tienen todo este ecosistema y se sienten muy orgullosos de que sea un ecosistema de alimentos ético y sostenible.


SC: Desde tu perspectiva, ¿Cómo ha servido el chocolate como una herramienta para avanzar conversaciones sobre la educación de la paz?

GB: Pues supongo que comprende dos cosas. La primera cosa es que la comunidad de paz, antes de que yo llegara, ya había construido una impresionante red internacional (...), así que yo no lo inventé. Pero lo que yo hice con Pablo cuando produjimos el documental Chocolate de Paz fue pensar en la audiencia colombiana, porque fue en el contexto del proceso de paz colombiano y pensé que era muy importante que los colombianos conocieran más sobre la comunidad de paz. Porque resulta que los conocían más internacionalmente que en su propio país, excepto entre el mundo de derechos humanos donde eran un emblema, un ícono. Pero todos los bogotanos de clase media, nunca habían escuchado sobre la comunidad de paz, nunca soñarían de ir a Urabá. (...) Y yo no podía entender porque no sabían lo que ocurría en Urabá. (...) no es porque sean malas personas, es porque el conflicto de su país, que se ha llevado a cabo principalmente en las zonas rurales, realmente ha dividido a los colombianos de las zonas rurales y urbanas. Entonces Pablo y yo decidimos producir un documental para intentar construir un puente entre esas dos Colombias. (...) El documental fue una excusa para reunir a personas a hablar sobre el proceso de paz, y preparaban chocolate. (...) Así que creo que el chocolate es el responsable de que haya sido un proyecto satisfactorio. Eso creo, porque reúne a la gente.


SC: Al describirte como una embajadora del chocolate, ¿qué responsabilidades o acciones relacionas con este rol o título?

GB: (...) Creo que el chocolate es un alimento muy especial porque se le asocia un capital simbólico. Y es un poco, es un alimento sexy. No es una papa o un rábano. Sabes, el chocolate tiene algo místico, no solo tiene una historia extraordinaria (...). Pero también, sabes los roles que ocupa en la sociedad contemporánea, es de simbolizar romance y cosas así, así que pienso que tiene mucho capital simbólico. Pero también, en su producción es una comodidad como el café, o el banano, donde los productores tienden a vivir en partes del mundo afectadas por conflicto, pobreza e inequidad. Y por su estatus de lujo lo importamos al Reino Unido, donde yo vivo, o a Estados Unidos, o a cualquier otro lugar del Norte, y pagamos un alto precio porque es algo especial. Pero creo que en general la gente no conoce las historias detrás de él, y no se pueden imaginar las vidas de las personas, de los productores, y los problemas que los aquejan en el contexto en el que viven porque muchos de estos países están en conflicto como Colombia o tienen problemas similares, y tampoco entienden lo que toma producirlo. Es una producción muy compleja y creo que veo mi rol como antropóloga de usar el chocolate para contar la historia de las personas que deben importarnos porque producen los alimentos que consumimos, gracias a los esfuerzos que hacen en donde están. Me parece una manera de describir ser un embajador de chocolate.



Para consultar la transcripción de esta entrevista en inglés, haga click aquí. El Fine Cacao and Chocolate Institute (FCCI) y Sofia Colmenares (LACE 2021-2022) agradecen la participación de Dra. Gwen Burnyeat por su invaluable contribución a este proyecto de investigación.


 

Within the scope of the Latin American Cultural Exchange Fellowship Colombia, the Fine Cacao and Chocolate Institute’s (FCCI) Sofia Colmenares spearheaded a series of interviews with cacao producers, chocolate makers, chocolatiers, and researchers, amongst other stakeholders, that participate in or collaborate with the Colombian cacao and chocolate industry. As a whole, they provide a detailed review of the cacao industry in Colombia; this was achieved by providing visibility to people generally dismissed in popular narrative, emphasizing the importance of recognizing the potential quality of Colombian cacao, and reevaluating the relationship of cacao with Colombian history, heritage, and culture. Interviews have been transcribed with the objective of sharing the most relevant information with the readers of this blog.


Meet Dr. Gwen Burnyeat of Oxford University

Dr. Gwen Burnyeat is a political anthropologist. She has been working on peace and conflict in Colombia for over a decade, as an engaged scholar and peacebuilding practitioner. In 2011, she became involved with the Peace Community of San José de Apartadó, a group of victims of the Colombian armed conflict who live in northwest Colombia, as an employee of Peace Brigades International. Tasked with providing unarmed international accompaniment to human rights defenders at risk, Dr. Burnyeat worked alongside the peace community for two years, coming to acknowledge and appreciate their every day work farming cacao as the cultural context that framed their political struggle. Her lived experiences inspired her to retrain as an anthropologist at National University of Colombia in Bogotá, where she acquired an MPhil in Social Anthropology as a beneficiary Scholar of the Leverhulme Trust. Her time spent studying in Colombia encompassed two years of field work visiting the Peace Community in Urabá, and concluded with the publication of her thesis as a book called Chocolate, Politics and Peace-Building: An Ethnography of the Peace Community of San José de Apartadó (which will soon be published in Spanish by the Rosario editorial), and the production of the film Chocolate of Peace, alongside co-director Pablo Trujillo Mejía. Dr. Burnyeat later completed her PhD in Social Anthropology at University College London.

We have selected fragments of our conversation with Dr. Gwen Burnyeat to highlight them below. Some answers have been modified slightly, with authorization of the interviewee, for clarity and written comprehension.


Sofia Colmenares: So if we consider the history of the area where the peace community is located, could you provide a brief summary for people who are not familiar with their story?

Dr. Gwen Burnyeat: Before the Peace Community was founded there were campesinos settled in the San José region who settled there fleeing from the violence of the fifties, sixties, and they had some cacao crops. But it was around the 1970s when (...) they do really really well because they got technical support from the Agrarian Bank. And they form a cooperative under the auspices of Patriotic Union party (UP), which was this leftist party created in the 1985 in the context of a failed peace process between the FARC and the government. And the UP was comprised of some FARC members who went into politics as part of the agreement, but also many other civilians, doctors and lawyers, farmers, just people who believed that this party could be an alternative for the country which had been dominated by traditional parties and also allow the FARC a way to disarm (...), they were a very progressive left wing party. And they were really strong in Urabá and they set up three main pillars, which were education, healthcare and cooperatives. And the cooperatives for different crops in different areas where the fuel for financing the building of houses and stuff. And San José de Apartadó in Urabá had cacao and so they kind of massified it and they did really well and they had this cooperative called Balsamar. Then in 1996, all of their members, all of the directors of Balsamar were massacred. They weren't members of the UP, but they were sympathizers and they were massacred because throughout the late 90s, the wave of paramilitary violence in the whole region against anything that was left wing or in any way could seem to be associated with the left or with the guerilla. This was terrible, the whole town of San José de Apartadó was abandoned, there were completely ghost houses and the farmers who were living in the rural settlements around San José de Apartadó, between kind of two hours and two days walk, they were obviously terribly worried because they felt that they were also benefiting from the cooperative, they were selling their power to the cooperative. But then they decided to declare themselves neutral, at that moment the Peace Community was formed, with the hope that that declaration would allow them to stay in their lands. Just a week after this declaration, which was done with the international support, and a wave of military and paramilitary violence swept the region, driving them all out of their lands, burning their crops and they all ended up taking refuge in the empty houses in the town of San José de Apartadó, and they stayed there for a while and they felt absolutely trapped. They couldn't go out to farm their land, they couldn't go out individually because either they would be found by left-wing guerrillas or right-wing paramilitaries or the army and any of them could kill them. But then they realize that they can start going out in groups, that there might be safety in numbers, and so they went to find the cacao plantation nearest, (...), and, of course, the army and the paramilitaries hadn't burned the cacao groves because what they really wanted to burn was anything that would be a food crop for the guerilla survive on. And so they went to the nearby cacao groves, and they would harvest it and dry it. And that way they started to get a little bit more income together, these campesinos. And through this process they started to go through what I identify as a cultural change, rather than the short term logic of protection, which is what they envisioned when they initially declared themselves neutral just simply to carry on living in this area and protect themselves. They started to shift into a much more long term logic peace building, which I call positive peace logic, which was much more about working together as an organization, living together, they organized themselves into working groups, into an internal council, they created statutes, they created a hymn, they created principles for their membership and they worked out (...) the ways they could look after each other and that they can actually look after each other better together, not just when they went and worked the land but also in, you know, sharing their food, educating the children (...), and it really grew from there. And so I think that the founding of the Peace Community (...) is very much connected to the cacao, it's really been at the heart of their struggle (...). And it's almost as if they have built the peace community in the footprint left by the Balsamar Cooperative and the destruction of the UP party across Colombia. It's almost like the cacao of the Peace Community is kind of reliving, carrying on this flame as it were from that struggle (...) it's really allowed them to be much more autonomous and stay together. (...) being together as a community and working in cacao have allowed them to inspire people all over the world to think that a different world is possible, to believe in community, to believe in peace, to believe in peace building and from the ground up grassroots kind of peacebuilding.


SC: You also describe the connection between the community and cacao from multiple different roles and perspectives throughout the book. Including cacao as a political ideal, cacao as the basis for building relationships amongst community members, cacao forming affective bonds with community members and cacao as a crop that allowed the people to return to San José de Apartadó. Can you discuss these different roles and how they have built the perception that the community has of cacao?

GB: In 2005 there was a massacre, in which they killed eight people including three children one of which was only eight months old. They then officially broke off all relations with the Colombian State. The massacre took place in a place called Mulatos, and Resbalosa which are two veredas, two settlements that are eight hours walk from San Jose the town. After a few years, they decided they wanted to try to return to build a new settlement in the place of the massacre to honor those they'd lost. And when they went back, they found an abandoned cacao plantation there, and it had been abandoned since the massacre of the Balsamar cooperative (1996). (...) So they hadn't seen it since then and they found it and of course it had survived because they're trees. (...) And so when they came back they didn't have to start from scratch, (...) they soon had crops again and so that enabled them to sort of return to this place. There's a part in the book where I tell the story that one of the farmers talked about cacao being a resistant crop, and resistant is a word that they used a lot to describe themselves. Resistencia is a very important word in Spanish, but for them, resistance is all about (...) the fight against violence, but also against the capitalist system, which creates these ways of trading, these economic production teams, which creates such injustice in the world, such as the banana plantations down in Apartadó. And they sort of see their work as a small group of solidary collaboration in farming, trying to build an alternative to that sort of system. So I think that they see the cacao with those eyes. They also see it with great affection (...). And I think another nice quote that I have in the book is one of them talking to me about how, unlike some crops, cacao is not something that you can farm as if on a factory line. You can't just fly over in a biplane and spray pesticide over it, like you would bananas. You have to be there with your hands going tree to tree, touching the tree, touching the cacao, caring for it, checking it over, checking if there's an outgrowth here that needs to be pruned, checking if it's got any pests on it and handling it. And I think that that creates a kind of tactile closeness. So it's definitely a special affection to their trees. And then it's the means by which they socialize with each other (...) I mean they spend hours there and I spent really nice afternoons with them, kind of going from tree to tree and seeing how like the farmers their fathers will teach their sons how to angle the machete to get a particularly far up pod or how to walk along the side of a very steep mountain, telling them things about the countryside or memories of being a place, to seeing and hearing helicopters going overhead and sharing a moment with fear together as well, sharing the fear of the conflict all around them (...) and so they share their every day stories working cacao together and that's where community is created. And that's also where the sort of the logic of the Peace Community has to do with resistance against the state. But also of care for nature, care for each other is reproduced and passed on to younger generations and passed horizontally to other people and reaffirmed as they interact with each other. (...)


SC: How does the community perceive their own consumption of chocolate?

GB: I think in that way it's part of their everyday life, part culture. Hot chocolate, they love it. There's a nice bit at the beginning of the film, (...) a community member was saying I like to eat hot chocolate with buñuelo, with platanito, with patacon, with bread. But basically it's either hot chocolate with water or milk and with various items of food to dip into it. So I think they see it as kind of part of their everyday culture really. (...) I think their culture is deeply related to their political exercise. I think that's the point that I'm trying to make. The fact that they grow their own food and consume what they grow is political, that is kind of at the heart of how they see their own identity as peace builders and growers have food. (...) they're also deeply proud of the organic cacao in particular, you know, they grow their own food without pesticides. And they see that as kind of making a contribution to peace building. (...) they're very proud of consuming their own food; they're are also very proud of growing other things in and among the cacao. (...) And so they have this whole ecosystem and they're very proud of it being an ethical, sustainable ecosystem of food.


SC: From your perspective, how has chocolate served as a tool to enable discussions about peace education?

GB: Well I suppose two separate things. The first thing is that the peace community before I ever came along had already gotten an incredibly impressive international network (...), so I didn't invent that, they already had all of that. But what I did with Pablo when we made the film Chocolate of Peace was really thinking initially about the Colombian audience, because it was in the context of the Colombian peace process and I thought it was really important that ordinary Colombians should know more about peace community. Because actually, it turns out that they were better known abroad than in their own country, except among their human rights networks in the country among which they're kind of an emblem, an icon. But all of these middle class Bogotanos, they'd never heard of the peace community, they'd never dream of going to Urabá. (...) And I couldn't understand why they didn't know what was going on in Urabá. (...) it's not because they're terrible people, it's because the conflict of the country, which has mainly taken place in the rural areas, has really divided the Colombians from the urban and rural parts. So Pablo and I decided to make a film to try to build a bridge between those two Colombias. (...) The film was an excuse to get people together to talk about the peace process and they would make hot chocolate. (...) So, I think that the chocolate is really at the heart of why it's been a successful project. I think, because it brings people together.


SC: In describing yourself as a chocolate ambassador, what responsibilities or actions are you associating with this role, or title?

GB: (...) I think that chocolate is a very special food because of the symbolic capital associated with it. And it's sort of, it's a sexy food. It's not a potato or a radish. You know, there's a mystique to chocolate, not only has it got an extraordinary history (...). But also, you know the roles it has in our contemporary society is one where it symbolizes romance and things like that, so I think it's got a lot of symbolic capital. But also its production is one of those commodities like other things, like coffee, or bananas, where the people who are producing it tend to live in parts of the world that are riven by conflict, affected, by poverty, inequality. And because of this luxury status, we import it in the UK, where I live, or in America, or wherever else in the global North, and we pay a high price for it because it is this special thing. But I think that quite often people don't really know the stories behind it, and they can't imagine the people's lives, the producers, and what they have to struggle through in the context where they live because many of these countries are in conflict like Colombia or similar problems, and they also don't know what it takes to produce it. It's a very complex production and I think that I see my role as an anthropologist to use chocolate to tell the story of the people that we need to care about because they produce food that we put into our bodies, thanks to the bodily efforts that they make where they are. And so I think that's quite a nice way to describe being a chocolate ambassador.



To read the full transcript of this interview in English, click here. The Fine Cacao and Chocolate Institute (FCCI) and Sofia Colmenares (LACE 2021-2022) are grateful for Gwen Burnyeat’s participation and invaluable contributions to this research project.

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